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1.
Descripción del mango
2.
Variedades de mango
3. Suelo para cultivar mangos
4. Riego del mango
5. Clima - Temperaturas
6. Abonado del mango
7. Poda del mango
8. Recolección de mangos
9. Plagas del mango
10. Enfermedades de los mangos
11.
Multiplicación del mango
............................
1.
Descripción del mango:
El mango típico
constituye un árbol de tamaño
mediano, de 10-30 m de altura.
El
tronco es más o menos recto,
cilíndrico y de 75-100 cm de
diámetro, cuya corteza de color
gris - café tiene grietas longitudinales
o surcos reticulados poco profundos
que a veces contienen gotitas de resina.
Las
hojas son alternas, espaciadas irregularmente
a lo largo de las ramitas, de pecíolo
largo o corto, oblongo lanceolado,
coriáceo, liso en ambas superficies,
de color verde oscuro brillante por
arriba, verde-amarillento por abajo,
de 10-40 cm de largo, de 2-10 cm de
ancho, y enteros con márgenes
delgados transparentes, base agua
o acuñada y un tanto reducida
abruptamente, ápice acuminado.
Las
hojas jóvenes son de color
violeta rojizo o bronceado, posteriormente
se tornan de color verde oscuro.
Las
flores polígamas, de 4 a 5
partes, se producen en las cimas densas
o en la últimas ramitas de
la inflorescencia y son de color verde-amarillento,
de 0,2-0,4 cm de largo y 0,5-0,7 cm
de diámetro cuando están
extendidas.
-
Fruto:
Se
trata de una gran drupa carnosa que
puede contener uno o más embriones.
Los mangos de tipo indio son monoembriónicos
y de ellos derivan la mayoría
de los cultivares comerciales.
Generalmente
los mangos poliembriónicos
se utilizan como patrones. Posee un
mesocarpo comestible de diferente
grosor según los cultivares
y las condiciones de cultivo.
Su
peso varía desde 150 g hasta
2 kg. Su forma también es variable,
pero generalmente es ovoide-oblonga,
notoriamente aplanada, redondeada,
u obtusa a ambos extremos, de 4-25
cm. de largo y 1.5-10 cm. de grosor.
El
color puede estar entre verde, amarillo
y diferentes tonalidades de rosa,
rojo y violeta.
La
cáscara es gruesa, frecuentemente
con lenticelas blancas prominentes;
la carne es de color amarillo o anaranjado,
jugosa y sabrosa.
El mango es también
conocido como 'melocotón de
los trópicos' por su anaranjado
color y agradable sabor.
El fruto es rico
en vitamina A y muy apreciado en los
países tropicales.
Se consume en fresco
y con él se elaboran conservas
dulces.
El más fiable
signo revelador de su madurez es su
olor.
Cuando el fruto está
maduro al ser presionado con los dedos
cede fácilmente.
Por su extraordinario
sabor, aroma, color y textura resulta
ideal para consumir solo, en macedonias,
elaborar sorbetes, tartas y mermeladas,
mezclar en ensaladas e incluso cocinar
como condimento de carnes y pescados.
En la India, el mango
verde es el ingrediente básico
para elaborar el tradicional chutney.
Los mangos son laxantes
y altamente nutritivos.
También
son una importante fuente de vitamina
A y algo menor de B y C.
2. MATERIAL VEGETAL EN MANGO
La
elección de un cultivar para
un emplazamiento dado debe tener en
cuenta lo siguiente:
La
producción para el mercado
de destino.
La
adaptación al medio, diferenciando
entre zonas tropicales y subtropicales
y zonas húmedas y secas.
Los
cultivares de mango pueden agruparse
en 3 grupos principales según
el lugar de selección:
Cultivares
Indios
Su
sabor a trementina es muy marcado.
La longitud de las fibras y el color
de la piel son muy variables, teniendo
algunos una piel bastante roja. La
mayoría son dulces con un contenido
en ácidos bajo.
Cultivares
Indochinos y Filipinos
Son
muy dulces, sin fibra ni sabor a trementina.
La epidermis es verde amarillenta.
Carabao es el cultivar más
importante en Filipinas, exportándose
en cantidades considerables a Japón.
Bajo el sinónimo de Manila
es uno de los cultivares más
importantes de México.
Cultivares
de Florida
Dominan
la mayoría de las plantaciones
de mango en casi todo el mundo, aunque
en algunas áreas de cultivo
predomine la selección local.
En
general tienen excelentes características,
pero la mayoría son sensibles
a la descomposición interna.
El
Haden se desarrolló en Florida
como planta de semilla del cultivar
indio Mulgoba en 1910. las siguientes
características lo han hecho
muy popular en el comercio internacional:
color rojo atractivo de la piel, alta
resistencia de la piel, muy importante
para el transporte a larga distancia
y contenido en ácidos relativamente
alto.
Desde
1940 se han desarrollado en Florida
un grupo de cultivares con similares
características. Algunos ejemplos
son Tommy Atkins, Zill, Torbet, Kensington,
Irwi, Haden Glenn, Lippens, Van Dyke,
Sensation, Osteen, Keitt.
El
orden de maduración es aproximadamente
el mismo en diferentes zonas de cultivo.
Dentro
de una zona, el período de
maduración para la totalidad
de los cultivares de mango es extiende
sobre aproximadamente 3 meses.
Actualmente
se continúa investigando para
el desarrollo de nuevas variedades
de mango como Nomi (Tomer et al, 1993),
Tango (Lavi et al, 1997), Shelly (Lavi
et al, 1997) etc., cultivares mejor
adaptados a las condiciones de cada
área productiva donde se han
desarrollado.
Como
variedades más importantes
a partir de las cuales se han desarrollado
los cultivares más importantes
se citan las siguientes:
-
Mulgoba
-
Amini
-
Pairi
-
Camboyana
-
Sansersha
3.
Suelo para cultivar mangos:
Puede
vivir bien en diferentes clases de
terreno, siempre que sean profundos
y con un buen drenaje, factor este
último de gran importancia.
En
terrenos en los que se efectúa
un abonado racional la profundidad
no es tan necesaria; sin embargo,
no deben plantarse en suelos con menos
de 80 a 100 cm de profundidad.
Se
recomiendan en general los suelos
ligeros, donde las grandes raíces
puedan penetrar y fijarse al terreno.
El
pH estará en torno a 5.5-5.7;
teniendo el suelo una textura limo-arenosa
o arcillo-arenosa.
Un
análisis de un suelo donde
los mangos prosperan muy bien dio
el siguiente resultado: cal (CaO)
1,2 %, magnesio (MgO) 1,18 %, potasa
(K2O) 2,73 %, anhídrido fosfórico
(P2O5) 0,15 %, nitrógeno 0,105
%.
4.
Riego del mango:
Los
requerimientos hídricos dependen
del tipo de clima del área
donde estén situadas las plantaciones.
Si
se encuentran en zonas con alternancia
de estaciones húmeda y seca,
óptimas para el cultivo del
mango, como sucede en Sudán,
durante la estación de lluvias
se desarrolla un crecimiento vegetativo,
y en la estación seca la floración
y la fructificación; en este
caso basta con un pequeño aporte
de agua.
En
áreas más frías,
como Israel e Islas Canarias, sólo
existe una estación cálida,
en la que tiene lugar a la vez la
fructificación y el desarrollo
vegetativo, en este caso el riego
debe ser mucho más copioso,
pero se tendrá en cuenta que
un exceso de humedad es perjudicial
para la fructificación.
En
general necesita menos agua que el
aguacate; se da la circunstancia de
que en terrenos donde las disponibilidades
de agua son abundantes, el árbol
vegeta muy bien, pero no fructifica.
Cuando
más agua necesitan los árboles
es en sus primeros días de
vida, llegando aproximadamente de
16 a 20 litros semanales por árbol.
Esto sucede durante los dos primeros
años y siempre que el árbol
esté en el terreno; no es lo
mismo en el vivero, donde sus exigencias
son menores.
Una
vez que el árbol está
enraizado aguanta muy bien la sequía;
prospera con la cuarta parte del agua
que necesita la platanera y puede
tolerar, según clases de tierra,
hasta 400 miligramos de sal por litro
de agua.
Para
obtener el máximo rendimiento
del árbol, los riegos deben
ser periódicos (400m3/ha y
mes).
Los
riegos más copiosos deben darse
cuando los capullos van a abrir, y
hasta varias semanas después
de la fructificación. Mientras
la fruta aumenta de tamaño
debe regarse una vez cada quince días
y puede dejarse de regar al acercarse
la madurez.
El
mango se adapta muy bien a condiciones
de precipitación variables;
además tolera la sequía,
aunque fisiológicamente esta
tolerancia ha sido atribuida a la
posesión de laticíferos
que permiten a las hojas mantener
su turgencia a través de un
ajuste osmótico que evite los
déficit de agua internos (Schaffers
et al., 1994).
En
suelos calcáreos un periodo
de inundaciones continuas no excesivamente
largo puede ser beneficioso para el
mango, ya que permite aumentar la
disponibilidad en el suelo de algunos
microelementos tales como el hierro
y el manganeso (Whiley y Schaffers,
1997).
Los
periodos de déficit hídrico
benefician el ciclo fenológico
del mango. En áreas tropicales
el estrés hídrico es
el principal factor ambiental responsable
de la inducción floral. Al
contrario ocurre con el cuajado y
el crecimiento del fruto, pues una
sequía es muy perjudicial,
ya que disminuye el tamaño
del fruto.
Se
considera más importante una
buena distribución de las precipitaciones
anuales que la cantidad de agua, siendo
la precipitación mínima
anual de 700 mm bien distribuidas.
En
México el riego se aplica en
la región del Pacífico
Centro, empleando fundamentalmente
el riego por inundación, aunque
algunas plantaciones cuentan con microaspersión
o goteo.
El
riego se aplica durante la estación
seca (octubre-mayo).
El
riego se inicia tras la floración
y continúa hasta la recolección,
con un intervalo entre riegos de 10-15
días en suelos arenosos y 18-25
días en suelos arcillosos.
5.
Clima - Temperaturas:
Es
más susceptible a los fríos
que el aguacate y resiste mejor los
vientos que éste. El mango
prospera muy bien en un clima donde
las temperaturas sean las siguientes:
Invierno
ligeramente frío (temperatura
mínima de 10ºC).
Primavera
ligeramente cálida (temperatura
mínima superior a 15ºC).
Verano
y otoño cálidos.
Ligeras
variaciones entre el día y
la noche.
Un
árbol de buen desarrollo puede
soportar temperaturas de dos grados
bajo cero, siempre que éstas
no se prolonguen mucho tiempo. Un
árbol joven, de dos a cinco
años, puede perecer a temperaturas
de cero y un grado centígrado.
Así,
por ejemplo, en las islas Canarias
la zona óptima para este cultivo
es la del Sur, prosperando bien en
la zona Norte.
6.
Abonado del mango:
El
abonado y el riego, deben programarse
de acuerdo con el ciclo fenológico
para alcanzar un rendimiento óptimo.
La
potasa es el elemento al que mejor
ha respondido el árbol, siendo,
por tanto, el que en mayor proporción
debe entrar en la fórmula de
abonado.
Un
árbol en plena producción
responde muy bien a la siguiente aplicación
de abono: 2500 gramos de sulfato de
potasio y 1500 gramos de superfosfato
de cal, añadidos al terreno
en una sola aplicación, preferible
en el mes de noviembre.
Debe
procurarse distribuirlo bajo la copa
del árbol, removiéndolo
y mezclándolo bien con la tierra.
El
abonado nitrogenado se puede dar con
el riego en la época anterior
a la apertura de los capullos, añadiendo
un kilogramo de sulfato amónico
y, posteriormente, la misma cantidad
cuando el árbol esté
en plena floración, esto ayuda
a promover el amarre de la fruta.
El
suelo con árboles jóvenes
se debe arropar para ayudar a retener
la humedad y contrarrestar las hierbas.
Pueden resultar útiles las
aplicaciones de piedra caliza dolomítica,
si la reacción del suelo está
debajo de un pH 5.5.
Las
aspersiones nutritivas conteniendo
cobre, cinc, manganeso y boro son
beneficiosas en todos los suelos.
Estas
se deben aplicar más o menos
3 veces al año (una vez en
el caso del boro) durante los primeros
años.
7.
Poda del mango:
El
mango florece y fructifica de manera
muy semejante al aguacate, es decir,
en grandes panículas muy ramificadas
que aparecen en las extremidades de
ramas del año que poseen suficiente
madurez.
Para
que la inducción floral pueda
presentarse en forma normal se requiere
que le árbol pase un período
de bajas temperaturas, es decir, de
un cierto invierno benigno que haga
detener sensiblemente el crecimiento
vegetativo, se acumulen almidones
en los brotes, y se propicie la diferenciación.
En
su defecto, a falta de bajas temperaturas,
se pueden obtener los mismos resultados
cuando se presenta una época
de sequía.
En
regiones de temperaturas constantes
durante todo el año, y sin
marcada época de sequía,
el mango tiende a adquirir un aspecto
frondoso, un gran crecimiento vegetativo,
pero su diferenciación floral
es muy escasa, como reducida su consecuente
fructificación.
No
se ha pensado seriamente en practicar
en esta especie poda de fructificación,
y que su floración, exclusivamente
en panículas terminales, representa
un serio obstáculo para ello,
no encontrándose una finalidad
práctica, todavía, que
determinara las ventajas de dicha
poda.
Sin
embargo, posiblemente, una poda que
se tradujera en menor alargamiento
de las ramas y en la formación
de mayor cantidad de brotes anuales,
en cuyas extremidades se presentara
posteriormente la fructificación,
fuera de desear.
Respecto
a la formación del árbol
si es necesario intervenir con la
poda, muy particularmente en la selección
de las ramas principales que iniciarán
la copa.
Si
bien es cierto que los árboles
de esta especie pueden formar su estructura
normal sin ninguna ayuda de la poda,
también es verdad que el mango,
en gran número de variedades,
tiende con frecuencia a emitir cuando
joven brotes muy verticales, con ángulos
de inserción muy cerrados.
Estos
primeros brotes, que no se arquearán
debido al peso de la fruta, puesto
que ésta no existe, engrosarán
y formarán las ramas principales
del armazón del árbol,
con el inconveniente de su escasa
resistencia mecánica.
Como
el ramaje del árbol llega a
ser muy pesado, al igual que la cosecha,
la deficiente inserción de
las ramas llega a constituir un gran
peligro de desgajado de ellas.
Así,
es frecuente observar en los huertos
de mango árboles con ramas
mal colocadas, demasiado verticales,
con ángulos cerrados, llenas
de apoyos o soportes en la época
de producción para evitar roturas.
Si
en los primeros años de vida
del árbol se hubiera atendido
su formación y se hubiera hecho
una selección de ramas primarias
de acuerdo con sus posiciones y sus
ángulos de inserción
ese problema no se presentaría
después.
De
esta manera puede afirmarse que el
mango, como cualquier especie, debe
ser atendido en su formación
y hay en él necesidad de eliminar
ciertas ramas iniciales de estructura,
que pudieran a la larga ser perjudiciales.
Ello,
independientemente de que se pudiera
con la poda retrasar el desarrollo
del árbol e incluso tender
a enanizarlo.
8.
Recolección de mangos:
La
producción de un árbol
de mango es muy elevada. Como término
general, para un ejemplar de tamaño
medio puede calcularse un rendimiento
de 200 kilos, llegando normalmente
algunos árboles a cargar más
de 1000 kilogramos de fruta. Esto
supone unos 30.000 - 40.000 kg/ha.
Para
uso casero, los frutos se pueden dejar
en los árboles hasta que están
completamente maduros.
La
cosecha en las plantaciones comerciales
necesita de gran cuidado en la selección
de los frutos que están maduros,
pero que no han empezado a cambiar
su color verde.
Quizá
el método más seguro
que se puede aplicar consiste en cosechar
unos cuantos frutos al principio de
la temporada, tan pronto como su color
verde empieza a aclararse y permitirles
que maduren en un lugar fresco y bien
ventilado. Si se convierten en comestibles
más o menos en 10 días,
la cosecha está lista para
recolectarse.
Los
frutos de mango requieren más
o menos de 105 a 130 días desde
el amarre del fruto hasta su plena
madurez.
Los
frutos tras su cosechado se deben
mantener frescos pero no fríos
y empacados en capas delgadas en cajas
ventiladas de cartón corrugado
o de madera cuyo fondo tenga un material
esponjoso, con el fin de que no sufra
ningún golpe, ya que de suceder
esto, se estropearía rápidamente.
9.
Plagas del mango:
-
Cochinillas
-
MOSCA DE LA FRUTA
-
POLILLAS DE LAS FLORES (Prays citri,
de la familia Tineoideos, y el Cryptoblabes
gnidiella)
10.
Enfermedades de los mangos:
-
ANTRACNOSIS
- CERCOSPORA DEL MANGO
-
OIDIO DEL MANGO
-
SECA DEL MANGO (el hongo Ceratocystis
fimbriata, que normalmente se
asocia a su vector que es un insecto,
Hypocryphalus mangiferae).
-
Cylindrocladium scoparium
-
Fusarium decemcellulare
-
MALFORMACIÓN (hongo Fusarium
subglutinans)
-
MANCHA NEGRA (Alternaria alternata)
-
Botryodiplodia theobromae. Es
uno de los mayores patógenos
post cosecha del mango. Los frutos
infectados con el patógeno
no logran el máximo climatérico
(Mascarenhas et al, 1996).
-
MANCHA NEGRA BACTERIANA (Xanthomonas
campestris)
11. Multiplicación del mango:
Se
puede realizar la multiplicación
por semilla, pero las plantas resultan
de inferior calidad y las originarias
no conservan sus características.
El
material vegetal poliembrionario,
al presentar embriones adventicios
de carácter vegetativo, no
presentan caracteres diferentes ni
degenerados en los árboles
obtenidos por semillas.
La
mayoría de las plantaciones
comerciales de mango están
establecidas sobre patrones poliembriónicos
que aseguran la deseable homogeneidad
de los mismos.
Teniendo
de hecho, cada zona productora, un
patrón poliembriónico
típico. A continuación
se citan las características
deseables para un patrón de
mango:
Compatibilidad
con los diferentes cultivares.
Poliembrionía.
Enanizante.
Inductor
de elevado rendimiento.
Inductor
de producción de fruta de alta
calidad.
Con
el fin de obtener árboles de
buena calidad con garantía
varietal y con homogeneidad es necesario
acudir al injerto sobre patrón
poliembriónico tanto en cultivares
monoembriónicos como poliembriónicos,
ya que se reduce la fase juvenil facilitando
una precoz entrada en producción.
La
propagación por injerto es
el único sistema utilizado
a nivel comercial por los viveristas
de todo el mundo.
Para
ello es conveniente disponer de plantitas
a las que podamos llevar las yemas
o púas de la variedad que se
haya seleccionado para la plantación.
Como
patrón dan buen resultado los
árboles de frutos fibrosos
de las zonas climáticas donde
se desarrolla el mango.
Para
plantar la semilla debe quitársele
la vaina. La mejor forma de hacer
esto es cortar los bordes de la cápsula
con una tijera de podar.
Una
vez libre la almendra, se procede
a plantarla en bolsas de plástico
que midan unos 20 ó 25 cm de
profundidad y 18 ó 20 cm de
diámetro; es preferible que
el color del plástico sea negro,
ya que la duración de la bolsa
será mayor y absorbe más
cantidad de calor, con lo que se favorecerá
la germinación de la semilla.
La
tierra debe ser ligera y hay que procurar
mezclarla con turba. La semilla se
enterrará de 2,5 a 3,5 cm de
profundidad.
A
continuación debe colocarse
bajo un cobertizo al que entre poco
sol y en que se mantenga un ambiente
húmedo.
Dentro
de los veinte primeros días
las plantas estarán fuera;
como estas semillas dan más
de un retoño, deben quitarse
los que sobran y dejar el que presente
mejor conformación.
Debe
tenerse muy en cuenta que el poder
germinativo de las semillas del mango
se pierde muy pronto, por lo que es
conveniente plantarlo lo más
rápidamente posible, preferiblemente
al días siguiente después
de haber sido liberada de la pulpa.
El
árbol es un poco difícil
de injertar; los mejores resultados
los han dado los injertos de aproximación
o de escudete.
Las
semillas plantadas en junio y julio
pueden ser injertadas en noviembre,
diciembre y enero, y estar listas
para colocar en el campo desde julio
y agosto del año siguiente.
El
momento más propicio para el
injerto de yema es desde mediados
de primavera y verano, cuando las
plantas están en crecimiento
activo.
Cuando
los árboles de semillas han
alcanzado el diámetro de un
lápiz pueden ser injertados,
si bien es conveniente dejarlos crecer
un poco más.
El
momento apropiado para colocar los
injertos es cuando las plantas comienzan
a brotar, o sea, cuando echan nuevos
brotes de color vinoso; en este estado,
la corteza se separará fácilmente
de la madera.
Después
que el nuevo brote se ha desarrollado
y está empezando a perder su
color rojizo, la corteza no se separa
tan fácilmente y el injerto
tiene menos éxito.
Las
yemas para injertar deben ser tomadas
de las puntas de las ramas jóvenes,
pero no de las del último crecimiento.
Es
importante que el gajo para injertar
y el patrón sean iguales o
similares en tamaño y madurez
de la madera. Si es posible, deben
escogerse ramitas de las cuales hayan
caído las hojas. En todo caso,
la madera de injerto debe estar bien
madura y la punta de la ramita de
la cual es tomada no debe estar en
crecimiento activo.
La
incisión en el patrón
debe ser hecha en forma de T o T invertida;
la yema debe ser grande, de 3,5 a
4 cm.
Después
de insertada se amarra con rafia,
cinta plástica o ristras de
platanera humedecidas.
Después
de tres o cuatro semanas se examina
la yema, y si está verde o
parece haber formado unió,
se corta el tope del patrón
varios centímetros por encima
para forzar la yema a crecer.
Unas
pocas semanas más tarde el
tope puede ser cortado más
abajo, hasta cerca de la yema, cuando
ésta haya crecido unos 20 cm.
Otro
sistema de injertar por este mismo
procedimiento es tomar la yema o la
chapa y colocarla en un ramo del árbol
que se ha arqueado previamente y haciendo
la ventana o la T justamente en la
parte más alta.
Este
tipo de injerto da resultado en árboles
de dos a tres años de edad.
Entre
los injertos de aproximación
da resultado el de cuña sin
decapitar el patrón o también
decapitándolo.
Se
hace en el patrón con la navaja
un corte profundizando bastante en
la madera, y en el injerto otro, también
bastante profundo; se unen y se atan
muy bien con cinta de plástico,
procurando que la unión no
esté en contacto con el aire.
si el patrón no se decapita
previamente, debe hacerse una incisión
unos centímetros por encima
del injerto.
Los
árboles procedentes de
semilla hasta una edad de 1
a 2 años, se pueden aproximar
con comparativa facilidad siempre
y cuando se aplique en la herida
una solución diluida
de una sustancia promotora del
crecimiento, tal como ácido
indol-3-acético al 1
% o ácido indol-3-butírico
al 1 %, antes de que se envuelva
ésta.
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Fuente
y ampliar información en:
infoagro.com
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