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Pues
este sería el suelo modelo, el que reuniera todas
esas características. Como vemos, aportando materia
orgánica (estiércol, mantillo, compost,
etc.) se mejoran la mayoría de ellas.
Entremos
ahora en dos características muy importantes
de todos los suelos: la textura y el pH.
TEXTURA DEL SUELO
Suelos arenosos
Los
suelos arenosos se calientan con rapidez en primavera
y son ideales para cultivos tempranos de hortalizas.
El problema en estos suelos es que hay que darles cohesión
para que retengan más agua (son secos) y para
que retengan también elementos nutritivos (son
arrastrados al subsuelo con el riego y la lluvia).
Para
conseguirlo, lo mejor es aportar turba a razón
de 0,5-1 Kg. por m2 o estiércol, de 3 a 5 Kgs./m2
y mezclar con la tierra.
En
suelos ligeros, los cultivos de espárragos, espinacas,
zanahorias, perejil, patatas, tomates, son los más
adecuados.
Suelos arcillosos
Los
suelos arcillosos (el otro extremo) tienen dos inconvenientes:
1.
Tienen tendencia a encharcarse, lo cual pudre las raíces.
2.
Son difíciles de trabajar por la masa pesada.
Positivo
es que son ricos en nutrientes para las hortalizas.
Se
mejora, al igual que los suelos arenosos, incorporando
materia orgánica para aumentar su fertilidad
(estiércol, 10 Kgs./m.2 y turba). También
es muy buena la arena de río.
En
terrenos pesados irán bien los cultivos de habas,
guisantes, col, coliflor, así como algunos árboles
frutales: manzanos y ciruelos. El espárrago puede
dar amargor. Para hortalizas de raíz NO son buenos.
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