Riega
de acuerdo a las necesidades
de cada planta. Todas
no consumen lo mismo.
La
escasez de agua tiene
solución, pero
el exceso por regar
mucho, no.
Las
verduras y hortalizas
pierden parte de la
intensidad de su sabor
cuando se riegan en
exceso.
Para
aprender a regar se
necesita mucha observación
y rectificar con los
errores; es normal
que se produzcan bajas.
La
frecuencia y cantidad
a aportar depende de
muchos factores.
Una planta a pleno sol
necesitará más
agua que en sombra.
Una planta en plena
floración consume
más agua que
cuando no tiene flores.
Necesitan
más agua las
plantas que tienen un
sistema radicular
superficial.
Verano
es la estación
en la que más
debes regar tus plantas
y observarlas casi todos
los días.
Si azotan vientos
secos riega más
porque se deshidratan
los vegetales.
Un
suelo arenoso es más
seco que uno arcilloso
que tiene más
capacidad de almacenar
agua.
Los
terrenos arcillosos
se riegan con menor
frecuencia porque almacenan
más agua. Los
arenosos, retienen poco
y se riegan más.
Si
quieres que una planta
crezca más rápido,
riega y abona. Por
ejemplo: una palmera
que deseas que cuanto
antes desarrolle un
tronco importante o
un seto para que cierre
antes: más agua
y más abono.
No
descuides el riego de
lo recién
plantado porque
todavía las raíces
son poco profundas.
Las
plantas que provienen
de vivero están
acostumbradas a bastante
agua. Por tanto, los
primeros 20 días
hay que regarlas casi
a diario e ir reduciendo
el riego poco a poco
hasta una dosis normal.