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En lugar de cortarlo y tirarlo a la basura, se debe
intentar su trasplante y aprovecharlo (recuerda que
un arbusto de porte mediano o grande tiene un alto valor
económico).
Tres
consideraciones previas respecto a los trasplantes:
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Una trepadora de mediano tamaño o grande es
complicado su trasplante y la mayoría de
las veces no se hace. ¿Por qué? Porque
extraerla del suelo, si está pegada a un muro
o a una pérgola es muy dificultoso, además
habría que podar practicamente todas las ramas,
dejarla arrasada, sólo con un tronco o sus ramas
principales. Además suele ser una planta envejecida.
No
merecerá la pena la mayoría de las veces.
Se compra un buen ejemplar, joven, fuerte y sano y en
pocos años habrá cubierto una gran superficie.
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Hay especies que son más difíciles
de trasplantar que otras porque tienen más
problemas para superar el trauma de romperle la mayor
parte de sus raíces. En cambio, otras son muy
duras y aguantan el trasplante relativamente bien. Aunque
siempre es un trauma, un shock, y necesitarán
cierto tiempo para recuperarse.
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Siempre una trepadora más grande es más
complicada de trasplantar que una pequeña, no
sólo por el peso al moverlo y su volumen, sino
porque tiene más riesgos de no agarrar.
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El trasplante se debe hacer cuando la planta esté
en descanso, o sea, en invierno. NO en pleno crecimiento
y actividad. Hacerlo en primavera o verano supone dejar
a la planta sin apenas raíces en un momento en
el que las hojas y las flores están pidiendo
mucha agua. Otoño también puede
ser bueno, pero NO en zonas mediterráneas,
donde los otoños suelen ser cálidos y
las plantas siguen creciendo.
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En invierno, debe evitarse los momentos más fríos
y con heladas.
Los
pasos para trasplantar un arbusto trepador son:
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